¿Porqué engordamos al dejar de fumar?

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A estas alturas no vamos a descubrir los múltiples problemas que el tabaco provoca en nuestro organismo. Además de enfermedades crónicas relacionadas con el sistema respiratorio, el cáncer de pulmón, directamente relacionado con el tabaco, es uno de los más letales. Por eso la gente debe concienciarse cada vez más para dejar de fumar.

Claro que eso no es fácil, ni mucho menos. Dejando los eufemismos a un lado, el tabaco es una droga como cualquier otra, que vuelve adicto a todo aquel que la toma con cierta regularidad. Por eso es tan difícil dejar de fumar, sufriendo el “mono” cada vez que necesitamos un cigarro. De hecho, muchas de las personas que lo intentan acaban ganando mucho peso.

Es como una norma no escrita para los exfumadores. Quitarse del vicio de fumar supone ganar bastantes kilos. Y no es que fumar adelgace, ni mucho menos. Es que al suministrar ese tipo de sustancias nocivas, nuestro organismo tiene que reorganizarse, y en ocasiones, el efecto de la abstinencia nos hace desear comer más, sobre todo dulces, algo que puede hacer que subamos de peso de forma rápida.

También se disfruta mucho más de la comida al recuperar buena parte del gusto y el olfato perdidos a causa del tabaco. Incluso puede llegarse a producir un molesto estreñimiento, que sin embargo no suele durar más que unos días. Los beneficios a medio y largo plazo de dejar el tabaco son cuestión suficiente como para planteárselo seriamente.

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